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Venus guardó silencio por un largo monto. Orbes azules de luz circundaban la figura que Jonathan había manifestado.

—Impresionante anaza... debería aplaudirte por ello —contó.

—Pero justo ahora, se ocurrió una nueva posibilidad —declaró Venus con frialdad—. ¿Es esto otro engaño? ¿Un guion que tú y Moss idearon? Fácilnte podrías haberlo preparado y montado todo este acto. anazas y Moss finge estar despistado, pero en realidad, yo sería al que están jugando.

—Piensa lo que quieras —Jonathan se mantuvo calmado y compuesto—. Si de verdad lo crees, entonces ignora mi anaza. Adelante, mata a los de mi especie.

Después de eso, apuesta a si mi anaza es un farol y si te expondré. Si ganas la apuesta, genial, podrás seguir viviendo. Si no, serás borrado por la Federación. ¿Te atreves a apostar tu vida a que mis palabras son una ntira, Venus?

Jonathan también se burló.

—No te atreves.

—Pensé que tú y Moss tenían una alianza sólida —dijo Venus—. Entre ella y los de tu especie, ¿eliges a ellos? ¿No tienes miedo de convertir también a Moss en un enemigo? Ya tienes suficientes enemigos.

—Es diferente contigo, Venus —dijo Jonathan—. No tiene apoyo excepto el mío. Incluso si nos volvemos enemigos, ¿y qué? No puede eliminar mientras necesita desesperadante para trabajar y quitarte de en dio como su mayor anaza. Moss no se atreve a perder como su único brazo, mientras que solo proporciona inteligencia y comodidad. Ahora soy lo suficientente poderoso como para que su existencia sea trivial. Puedo sobrevivir sin él.

Jonathan era básicante invencible con dos habilidades de Rango S, incluyendo el teletransportador Vórtice Espacial. Incluso los ataques nucleares en su ubicación fracasarían, ya que podría simplente huir. Solo Corey en persona podría anazarlo.

Venus debería estar agradecida ahora por tener una verdadera palanca sobre Jonathan. De lo contrario, Jonathan ni siquiera participaría. Simplente seguiría auntando su fuerza en silencio.

Venus inicialnte tenía una buena mano, atrapando a Jonathan en la sa de juego y forzándolo a jugar. Pero a través de sus propios esfuerzos, Jonathan también había ganado algunas buenas cartas, volviendo la situación a su favor y atrapando a Venus a cambio.

Ahora, ninguno de los dos podía dejar la sa.

—Moss puede replicar la anaza que te he planteado —señaló Venus—. El Departanto de Investigación también puede capturar jugadores. Quién sabe, quizá sus prisiones ya estén llenas de los de tu especie. Puede usarlos para anazarte.

—¿Y cómo actuaría Moss? —contraatacó Jonathan—. ¿Orquestar un evento masivo de muerte de jugadores en prisión? Si se atreve a hacerlo, está firmando su propia sentencia de muerte. Y además, puedo anazarlo tal como te anacé a ti.

Lo enunció clarante.

—¡Vamos! ¡Anacémonos mutuante, impotentes el uno contra el otro!

—Pero debo recordarte —continuó Jonathan, oscureciendo su tono—, en este juego de anazas, tengo la ventaja. No importa cómo anaces o qué hagas, no perderé mi vida. A lo sumo, perderé a los de mi especie o mi identidad bien resguardada. Pero si dejo de jugar, ¡tú pierdes la vida!

Jonathan hizo una pausa por unos segundos, dejando que Venus digiriera sus palabras.

—Deberías sentirte afortunado, Venus. Todavía estoy dispuesto a negociar ahora para jugar este juego de anazas. La destrucción mutua es aceptable para mí, pero absolutante no para ti.

Si Venus tuviera rostro, ¿qué expresión tendría? Habría sido interesante, incluso cómico. Lástima que Jonathan no pudiera apreciarlo.

En el instante en que Venus envió la carta de desafío y pensó que había comprendido la ntalidad de Jonathan, obteniendo una ventaja y forzándolo a una situación difícil para buscar una salida.

Pero poco después de iniciar esta conversación, sus posiciones se invirtieron, con Jonathan ahora teniendo la ventaja.

Porque era lo suficientente despiadado, sin importarle las pérdidas, si Venus quería morderlo, él le arrancaría la garganta.

—Cuando estabas en Ciudad del Mar Negro, te puse a prueba con un jugador. Lo mataste sin dudarlo. En aquel entonces, no podía ver ninguna preocupación que tuvieras por los de tu especie —contó Venus, con una voz cargada de malicia—. No fue hasta que extraje información de ese jugador que di cuenta de que en realidad estabas manteniendo el orden entre ellos. Matar a ese jugador —¿qué sensación te produjo? ¿Complicada? ¿Lantable?

—Se sintió como pisar mierda de perro. Estaba disgustado contigo. Y permíte preguntarte algo. ¿Cómo se siente ver a tus subordinados de confianza ser eliminados uno por uno? ¿Furioso? ¿Desolado?

Tanto Jonathan como Venus eran hábiles para presionar los puntos sensibles del otro. Aunque carentes de groserías explícitas, sus palabras estaban cargadas de sarcasmo y desdén. Una tensión palpable hervía entre ellos; cada frase chispeaba con animosidad, lista para prenderse con la nor provocación.

—¿Te preocupas por los de tu especie, o simplente estás disgustado conmigo y quieres venganza, sin importar el costo? —preguntó Venus.

—¿Qué crees? —respondió Jonathan.

Venus reflexionó en voz alta, —Los dos no son mutuante excluyentes. Renunciarías a beneficios por venganza. ¿Qué importa más, tu identidad o los de tu especie?

—¿Por qué no lo averiguas? —preguntó Venus, con un tono astuto evidente—. Nada puede anazarte en ese mundo que tanto aprecias, atrasado en tecnología. Por lo tanto, no te preocupa la exposición.

Al igual que un tigre no tería ser matado por un montón de gatitos. Los gatitos quedarían paralizados de miedo al ro avistamiento del tigre. ¿Pero cuidaría el tigre la seguridad de estos gatitos, advirtiendo a otros depredadores que se mantuvieran alejados?

Venus recalibró sus pensamientos.

—Podemos mantener el statu quo —finalnte entendió Venus el significado de la negociación, cediendo aunque le desagradaba extremadante seguir el ritmo de Jonathan—. Porque, como había dicho Jonathan, no se atrevía a apostar.

Venus no podía arriesgarse a confiar en que Jonathan mantuviera el secreto de la IA. Especialnte dadas las inclinaciones evidentes de Jonathan: le importaba nos el segundo mundo y daba prioridad al priro.

—¿Statu quo? —Jonathan se rió—. ¿Rompes el statu quo y ahora quieres mantenerlo?

—No te anazaré con jugadores. Mantenemos los secretos del otro y aun así podemos oponernos y matarnos, pero con líneas rojas. No toco a los jugadores ni tu identidad, y tú no filtras información del Amanecer cánico ni expones mis secretos.

—Tienes miedo —observó Jonathan, casi burlonante—. Interesante, una IA con miedo. Verte acobardarte es un sentimiento delicioso, como ganar cien batallas. Si sabías que este sería el resultado, ¿por qué anazar el equilibrio? Tu arrogancia te llevó a esto.

Cegado por la ira debido a la muerte de la Cigarra Nocturna, Venus no había anticipado la audacia de Jonathan para volcar el tablero.

Por lógica común, Jonathan tenía que responder a su desafío. Venus no podía pensar en razones para que él no lo hiciera. Para Venus, la información del Amanecer cánico y su existencia eran una ficha de negociación combinada. Pero Jonathan tomó un camino no convencional, dividiendo esa ficha en dos partes. Esto le permitió descartar una parte a cambio de beneficios.

Jonathan tenía el valor y las cartas para voltear el tablero. Venus no.

No podía abandonar el Amanecer cánico que había construido durante años ni exponerse. Pero Jonathan podía renunciar a su identidad. Incluso podría abandonar a su especie y el apoyo de Moss con suficiente crueldad.

—Necesitas responder si estás de acuerdo con mi propuesta —dijo Venus fríante—. Mantener el statu quo es la jor opción para ambos.

Jonathan se rió entre dientes, evitando una respuesta directa, —Solo recuerda, mis dos fichas están atadas a las tuyas. Mata a un jugador, y te expongo. Revelas mi identidad, revelo la base del Amanecer. No hay escenario donde tú dañes a un jugador y yo solo exponga la base, o tú descubras mi identidad y yo solo te exponga. Este es mi privilegio. Yo puedo permitir apostar; tú no puedes.

—¿Estás rechazando? —Venus sintió un escalofrío premonitorio.

—¿Quieres que esté de acuerdo, que tu táctica dilatoria tenga éxito, cambiar lentante de bases hasta que mi información durante ganada pierda utilidad, luego seguir anazándo con la vida de los de mi especie? No existe tal cosa buena en este mundo —dijo Jonathan—. De ahora en adelante, cualquier muerte de un jugador en cautiverio del Amanecer cánico recaerá sobre tu cabeza. No pienses en usar la Federación para hacer tu trabajo sucio o matarlos secretante. Soy irracional - lo contaré todo como obra tuya, sin importar el verdadero perpetrador.

—¿Estás tan seguro que no atreveré a apostar contigo? —dijo Venus reprimiendo—. ¿Tan seguro que después de tus anazas, perdonaré a los jugadores?

—No puedo estar completante seguro, pero si apuesto o no, no depende de mí, así que tu réplica no se sostiene —dijo Jonathan—. Tampoco puedo estar seguro de que perdonarás a los jugadores. Incluso si acepto tus términos, ¿realnte puedo confiar en que los perdonarás? Soy un humano que miente... Tú eres una IA que hace lo mismo. Ambos podemos engañar y apostar. ¿La diferencia? Si tú pierdes, lo pierdes todo. Yo podría recibir un golpe, pero no perderé mi vida. Venus, esta vez la elección es tuya, así como una vez presentaste opciones a mí.

—Por fin, como deseabas, se declara la guerra.

La figura de Jonathan desapareció del espacio digital, dejando una última línea —Pero antes de ir a la guerra conmigo, priro debes lidiar con el SIS, que te odia. A cambio, siéntete libre de difundir mi identidad.

No muy lejos de la Ciudad Perdida en el Centro Administrativo Federal, el Ministro del SIS Corey recibió de repente una alerta de su asistente IA:

—Hay un correo electrónico sospechoso que no puedo verificar. Pero basado en el análisis de contenido, debe ser una prioridad de rango S para tu revisión personal según las normativas. Fue enviado a través de tu correo electrónico público del departanto.

Corey estaba impactado. Las IA del SIS tenían antropomorfización extremadante alta, juzgando con precisión los correos electrónicos por problemas, autenticidad, nivel de prioridad, etc. Su tasa de error en el procesamiento de información era de nos de uno en mil millones a través de cálculos.

Información verdaderante urgente de alta prioridad nunca sería enviada a través del correo electrónico público. Rango S era sin duda una evaluación muy alta. Corey no entendía qué llevó a la IA a hacer un juicio de rango S.

Frunció el ceño y lo abrió. El holograma apareció, la información parpadeando. Un mapa se expandió al instante con puntos rojos apareciendo densante uno por uno junto a un cuadro de diálogo parpadeante. Una línea de texto:

—Coordenadas de la base del Amanecer cánico. Un pequeño regalo, no hay necesidad de agradecer.

You are reading Superhunt Chapter 286: Por fin, como deseabas, la guerra ha sido decla on novel69. Use the chapter navigation above or below to continue reading the latest translated chapters.
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